Mercedes-AMG y una orden especial doble

NoticiasNovedades | Matias Muro | 29/06/2026 | Compartir

Los Mercedes-AMG GLE 63 S 4Matic+ y Mercedes-AMG GLS 63 4Matic+ salen a escena con una evolución mecánica.

La marca alemana aprovechó la actualización de sus buques insignia para introducir una evolución drástica en su bloque biturbo de cuatro litros. No estamos ante un simple lavado de cara. Con todo ello se dan a conocer los flamantes Mercedes-AMG GLE 63 S 4Matic+ y Mercedes-AMG GLS 63 4Matic+.

El arte de camuflar un deportivo de carreras en formato familiar

El habitáculo de estas variantes AMG propone una experiencia ambivalente. Por un lado, la cabina funciona como un living de absoluto lujo tecnológico, comandado por el sistema operativo MB.OS que despliega un entorno digital de tres pantallas de altísima resolución.

Por el otro, los detalles recuerdan en cada rincón el ADN de Affalterbach. El volante multifunción con base achatada incorpora mandos satélites configurables que permiten transformar el carácter en un segundo, mientras que las butacas delanteras ganaron unos apoyos laterales muy marcados para contener el cuerpo cuando las fuerzas G entran en juego.

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En el plano de la versatilidad, la diferenciación es clara: el GLE apuesta por una habitabilidad soberbia para cinco ocupantes, mientras que el monumental GLS recurre a una configuración de tres filas de asientos para albergar a siete personas.

Evolución estética

Por fuera, el frontal recibe una fisonomía replanteada donde la parrilla Panamericana toma el protagonismo, escoltada por ópticas led con una firma lumínica de diseño específico y tomas de aire notablemente generosas, vitales para las nuevas necesidades de refrigeración del conjunto térmico.

En los laterales, el protagonismo se lo llevan las enormes llantas de aleación, que alcanzan las 22 pulgadas en el GLE y suben hasta un diámetro de 23 en el GLS. La estampa se completa en el sector posterior mediante un difusor optimizado y cuatro salidas de escape que anticipan una melodía imponente.

Una obra de ingeniería oculta bajo el capó

La gran novedad de esta actualización no se ve a simple vista, sino que se siente en el pie derecho. El bloque V8 conserva los conocidos 612 caballos de potencia y los 850 Nm de torque de la generación previa, pero el funcionamiento interno cambió por completo.

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La modificación más relevante es la adopción de un cigüeñal plano, una solución heredada del mundo de la competición que altera por completo el orden de encendido de los cilindros y garantiza una subida de vueltas muchísimo más alegre y rabiosa.

Para lograr la homologación bajo las normativas anticontaminación más severas del planeta, los ingenieros optimizaron los sistemas de inyección, rediseñaron los conductos de admisión y escape, instalaron turbocompresores de doble entrada más eficientes y modificaron el árbol de levas de admisión.

El toque maestro en términos de adaptabilidad al mercado moderno lo aporta la tecnología microhíbrida de 48 voltios, cuyo motor eléctrico integrado asiste al bloque térmico con 23 caballos y 205 Nm adicionales en fases de aceleración.

Este aporte mitiga el consumo en ciudad y otorga la ventaja competitiva de la etiqueta ECO. El rendimiento dinámico resultante es demoledor para vehículos que superan las dos toneladas: el GLE clava el cronómetro de cero a cien kilómetros por hora en 3,9 segundos, el GLS lo hace en 4,2 segundos, y ambos detienen su marcha al alcanzar el límite electrónico de 280 kilómetros por hora.

Dinámica inteligente para domar a dos gigantes

Gestionar semejante caudal de fuerza requiere soluciones de chasis que desafíen las leyes de la física. El núcleo dinámico recae en la suspensión neumática adaptativa AMG Ride Control+, un esquema capaz de mutar su temperamento mediante los programas del AMG Dynamic Select.

Por otro lado, el conductor puede optar por la máxima elasticidad para devorar kilómetros en autopista o seleccionar los modos más radicales, que disminuyen la altura de la carrocería en diez milímetros para buscar el mejor centro de gravedad en curvas cerradas.

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En el otro extremo, el modo específico para fuera de pista eleva el despeje del suelo en 55 milímetros, para coordinar la tracción integral permanente y la caja automática de nueve marchas para avanzar con solvencia sobre superficies irregulares.

Para evitar las inclinaciones molestas de la carrocería en apoyos fuertes, Mercedes integró un sistema electromecánico de estabilización activa que compensa las fuerzas laterales mediante actuadores en ambos ejes.

Esta tecnología trabaja en absoluta sintonía con un diferencial trasero de deslizamiento limitado y control electrónico.

La electrónica analiza el nivel de adherencia en milisegundos y dosifica el torque en la rueda exterior con precisión quirúrgica. Ello elmina la tendencia al subviraje y transforma a estos dos gigantes familiares en verdaderas herramientas de precisión sobre el asfalto.