Este SUV se transforma en una obra de arte sobre ruedas

NoticiasNovedades | Matias Muro | 22/06/2026 | Compartir

Rolls-Royce rompe los moldes de la personalización con una serie ultraexclusiva de cinco unidades del Black Badge Cullinan, intervenidas a mano por el artista contemporáneo Cyril Kongo.

Uno de los SUVs más exclusivos del planeta se “descontractura” un poco con esta serie especial Black Badge Cullinan gracias a la intervención de Cyril Kongo.

Una revolución cromática que rompe los esquemas tradicionales

Imaginen entrar al habitáculo de uno de los vehículos más selectos y encontrarse con una explosión de color absolutamente asimétrica.

La marca decidió romper las reglas del diseño interior con esta edición especial. Por primera vez en su historia, el habitáculo se divide en cuatro zonas cromáticas bien diferenciadas sobre una base de cuero negro profundo.

El puesto de conducción adopta un enérgico Rojo Fénix, mientras que la butaca del acompañante se viste de un tono Turchese.

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Atrás, la experiencia cambia por completo para los pasajeros, quienes viajan rodeados de matices Amarillo Forja y Mandarín.

Esta combinación de colores se traslada con precisión quirúrgica a las costuras, apliques y las inserciones de los asientos.

No han quedado fuera los icónicos monogramas de la marca en los apoyacabezas.

Un taller de arte montado en el corazón de Goodwood

El desarrollo de este proyecto, denominado Rolls-Royce Cullinan Cyril Kongo, implicó un proceso de cocreación sin precedentes en la industria automotriz.

Lejos de ser un simple acuerdo de marketing donde un diseñador estampa su firma en la carrocería, la marca británica invitó al artista urbano a sumergirse por completo en su cuartel general durante seis meses previos a la producción.

Kongo convivió con los ingenieros y artesanos del Colectivo Bespoke, aprendió el uso de sus herramientas específicas y exploró la paleta de pinturas de la casa.

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La compañía fue más allá y configuró espacios de trabajo dedicados dentro de sus propias instalaciones de manufactura.

Allí, codo a codo con los especialistas de la marca, el artista utilizó el vehículo como un lienzo tridimensional, pintando a mano cada uno de los componentes interiores con total libertad creativa y espontaneidad.

El nacimiento del «Kongoverse» en los componentes más selectos

El resultado de esta fusión cultural son cinco encargos privados únicos en el mundo.

Asimismo, el modelo elegido para esta colaboración fue la variante Black Badge, conocida por ser el más oscuro y rebelde.

Esta personalidad desafiante encaja de manera ideal con el estilo expresivo de Kongo, quien plasmó en el interior su propio universo estético, bautizado como el «Kongoverse».

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Como puede observarse, los trazos del artista, repletos de símbolos abstractos, fórmulas matemáticas, planetas imaginarios, pirámides y átomos, cobraron vida en los lugares más estratégicos del habitáculo.

Sin embargo, la gran pieza central de esta obra de arte móvil se encuentra al mirar hacia arriba.

El famoso techo Starlight Headliner, que emula un cielo estrellado mediante fibra óptica, sirvió de fondo para una de las pinturas más complejas del autor.

Una sinfonía visual continua de laca y madera

Al bajar la mirada hacia la consola, la intervención se transforma en una obra fluida. Para Kongo, pintar el habitáculo se asemeja al jazz: hay movimiento libre, pero cada nota se conecta con la siguiente.

De esta forma, los paneles de madera a medida forman una única composición continua que arranca en la fascia del tablero principal, recorre la consola central y trasera, y culmina en las mesas de picnic y la cascada entre los asientos traseros.

El trabajo de fondo de los artesanos fue monumental. Antes de que el artista tocara las piezas, el laboratorio de pintura preparó los 19 componentes chapados tiñéndolos de negro y montándolos en soportes específicos.

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Kongo intervino directamente estas superficies usando aerógrafos de distintos diámetros para calibrar los niveles de detalle de su universo visual.

Para blindar semejante trabajo y asegurar la durabilidad extrema que exige un vehículo de este calibre, los técnicos de la firma aplicaron diez capas de laca transparente, lijando y puliendo cada elemento hasta lograr un acabado brillante con una profundidad visual asombrosa.

La gestión global detrás de una serie irrepetible

Esta histórica colaboración internacional se coordinó a través de la red de Oficinas Privadas de la compañía en Nueva York y Seúl, junto con la sede central de Goodwood.

Estos espacios exclusivos, concebidos para que los clientes más selectos de la marca diseñen sus pedidos especiales más complejos, detectaron una clara tendencia entre un grupo de coleccionistas muy específicos.Han buscado incorporar arte contemporáneo audaz a sus vehículos de uso diario.

El crossover que no le teme al barro se renueva

Cada uno de estos cinco ejemplares del Rolls-Royce Cullinan Cyril Kongo representa la integración total de dos filosofías que parecían opuestas, pero que encontraron un terreno común en la búsqueda de la máxima individualidad y la excelencia artesanal.

Para cerrar el círculo de exclusividad, esta serie limitada sirve como el puntapié inicial de los festejos por el décimo aniversario de la línea Black Badge que nació en 2016 con el Ghost para satisfacer a clientes de espíritu rebelde.