Conoce a este particular concepto italiano
Un grupo de empresas italianas presentó Malya, un SUV urbano que combina motor eléctrico con un extensor de autonomía alimentado a gas. Una propuesta que cuestiona si la recarga eléctrica es realmente el único camino posible.
La autonomía limitada y la falta de puntos de carga siguen siendo los dos argumentos que más frenan la adopción masiva del auto eléctrico. Italia, que tiene una de las redes de distribución de gas natural más densas de Europa, encontró en eso una oportunidad. El resultado tiene nombre propio: Malya.
El prototipo, todavía en desarrollo, no llega de una automotriz tradicional sino de una alianza poco convencional. Umberto Palermo Design puso el concepto y la estética. Federmetano, el conocimiento sobre infraestructura de gas.
La tracción total llega a este coupé deportivo
Por último, Reinova, la ingeniería de sistemas electrificados. Tres actores distintos, una sola idea. Demostrar que no hay una sola forma de hacer movilidad sostenible.
¿Eléctrico o a gas? Las dos cosas a la vez
Acá está el punto central del proyecto y también lo que lo hace diferente a casi todo lo que circula en el mercado europeo hoy.
Malya es, en su base, un vehículo eléctrico. Tiene batería, se puede cargar en casa o en cualquier estación pública y mueve las ruedas con un motor eléctrico. Hasta ahí, nada nuevo.
Lo interesante aparece cuando la batería empieza a agotarse lejos de un punto de carga.
En ese escenario, un motor térmico alimentado con biometano o gas natural entra en juego, pero no para mover el auto directamente.
Su única función es generar electricidad y devolvérsela a la batería. El conductor sigue conduciendo un auto eléctrico en todo momento, lo que cambia es de dónde viene la energía.
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Este esquema técnico, conocido como range extender o extensor de autonomía, tiene un atractivo concreto para el usuario.
Elimina la ansiedad de quedarse sin carga en zonas donde todavía no hay infraestructura eléctrica suficiente. Y si el Malya puede conectarse a la red doméstica de gas, la dependencia de estaciones especializadas se reduce aún más.
Pequeño por fuera, pensado para cinco personas
En términos de tamaño, Malya se mantiene por debajo de los cuatro metros de longitud, lo que lo ubica en el segmento de los urbanos compactos.
Sin embargo, el equipo de diseño apuntó a que eso no implicara sacrificar capacidad. El interior está pensado para cinco ocupantes.
Por otro lado, el chasis combina tubos de acero inoxidable con perfiles y paneles de aluminio.
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Al evitar los moldes de producción tradicionales (que implican inversiones millonarias), el proceso de fabricación se vuelve más accesible y adaptable.
Es una decisión que habla de hacia dónde apunta el proyecto. No a competir con los grandes fabricantes en volumen, sino a mostrar que se puede hacer un auto bien resuelto con una cadena industrial diferente.
El software también es protagonista
Reinova, el socio tecnológico del proyecto, no se limitó a desarrollar el tren de potencia.
También trabajó en la arquitectura de software bajo un concepto que cada vez aparece más en la industria global. El auto definido por software, o Software Defined Vehicle.
La idea es simple en su formulación aunque compleja en su ejecución: que las funciones puedan configurarse y actualizarse mediante código, sin necesidad de intervenir mecánicamente.
Es el mismo modelo que ya aplican empresas como Tesla, y que la industria europea está intentando incorporar con distintos niveles de éxito.
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Por qué el biometano tiene sentido en Italia
La participación de Federmetano en el proyecto no es un detalle menor. Italia cuenta con una red de estaciones de gas natural y biometano que no tiene equivalente en gran parte del Viejo Continente.
Eso convierte al país en un territorio especialmente fértil para explorar este tipo de propulsión extendida, donde la disponibilidad del combustible es condición necesaria para que la tecnología funcione en la práctica.
Además, el biometano (producido a partir de residuos orgánicos) tiene una huella de carbono considerablemente menor que los combustibles fósiles convencionales.