RAM y sus camionetas deportivas están al acecho

NoticiasNovedades | Matias Muro | 26/05/2026 | Compartir

RAM revoluciona el asfalto con la Rumble Bee, una gama de camionetas urbanas que rescata la esencia deportiva de las pick-ups clásicas.

Para quienes extrañaban el espíritu indomable de la mítica Dodge RAM SRT-10 con motor Viper, el panorama se pone sumamente interesante. RAM ha presentado la serie Rumble Bee dedicada puramente a las calles.

El plan inicial contempla una oferta escalonada de cuatro versiones diferentes. De este modo, la gama arranca con la variante estándar, asciende con la Rumble Bee 392, se radicaliza con la 392 Track Pack y encuentra su máxima expresión en la brutal Rumble Bee SRT.

 La intención de la compañía es clara: Las dos primeras opciones funcionarán como el motor comercial del proyecto, mientras que las equipadas para circuito servirán para demostrar hasta dónde puede llegar la ingeniería moderna.

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Un diseño compacto y musculoso pensado para morder las curvas

Para lograr un comportamiento dinámico verdaderamente deportivo, la marca tuvo que alterar por completo las proporciones tradicionales de la carrocería 1500.

Ahora adopta una fisonomía muy particular que combina la cabina Quad Cab con una caja de carga corta.

El recorte obligó al equipo de ingenieros a replantear el tamaño de componentes vitales de la plataforma, desde el árbol de transmisión hasta el cableado y los conductos de combustible y frenos.

Asimismo, el resultado de esta metamorfosis salta a la vista. Al ser más corta, la estructura ganó una rigidez envidiable, y al ensanchar las vías delantera y trasera en casi siete pulgadas, el porte en la calle se volvió imponente.

 La trompa adopta una actitud agresiva, con un splitter inferior muy prominente y enormes bocas de aire diseñadas para enfriar el sistema de frenado Brembo.

En la parte posterior, un alerón de grandes dimensiones trabaja en conjunto con una tapa rígida para la caja de carga.

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Confort de primer nivel con atmósfera de carreras en el habitáculo

El interior no se queda atrás y propone un ambiente donde el lujo y el espíritu de pista conviven en perfecta armonía.

Lo primero que llama la atención al subirse es el volante de base plana, acompañado por unas levas de cambio de aluminio que invitan a tomar el control de la transmisión de forma manual. Los emblemas de la versión decoran de forma sutil diferentes sectores de la cabina.

El despliegue tecnológico queda en evidencia con una pantalla táctil central para el sistema multimedia que puede alcanzar las 14.5 pulgadas en las configuraciones más equipadas.

Para coronar la experiencia a bordo, los ocupantes disponen de un sistema de sonido premium diseñado por Harman Kardon que cuenta con 19 parlantes y un subwoofer de diez pulgadas.

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Del motor clásico a la locura sobrealimentada del Hellcat

Hay opciones para todos los gustos. La variante de entrada recurre al conocido bloque Hemi V8 de 5.7 litros.  Con 395 CV, esta alternativa prescinde por completo de cualquier tipo de asistencia híbrida ligera, buscando una entrega de potencia directa y sin filtros.

Sus números ya son respetables para el uso diario: acelera de 0 a 96 km/h en 6.1 segundos y devora el cuarto de milla en 14.6 segundos.

Un escalón más arriba se ubica el motor «Apache» V8 de 6.4 litros, una mecánica que desembarca por primera vez en la gama 1500.

Este propulsor eleva la potencia a 470 CV, junto a la eficiente caja de cambios automática de ocho velocidades de las versiones de acceso. La respuesta al acelerador en este caso reduce el tiempo de 0 a 96 km/h a unos interesantes 5.2 segundos.

La verdadera joya de la corona se reserva para la Rumble Bee SRT. Aquí se instaló el propulsor Hellcat V8 sobrealimentado de 6.2 litros que ya conocemos de la TRX, con unos escalofriantes 777 CV.

Trabaja en sociedad con una transmisión automática mucho más resistente. Este “monstruo” firma el 0 a 96 km/h en apenas 3.4 segundos y completa el cuarto de milla en 11.6 segundos.

Con una velocidad máxima proyectada de 274 km/h, este modelo destruye el viejo récord de velocidad que la SRT-10 ostentaba desde hace dos décadas.