La última joya de Bugatti se deja ver

NoticiasNovedades | Matias Muro | 06/05/2026 | Compartir

Conocé el Bugatti W16 Mistral Fly Bug, una unidad personalizada que une diseño y exclusividad.

La casa francesa demuestra que siempre hay un escalón más arriba. La última joya en salir de sus talleres es el Bugatti W16 Mistral Fly Bug, una obra maestra que nace para romper con cualquier molde de producción en serie.

A través del programa de personalización Sur Mesure, la firma francesa entrega una pieza que es, literalmente, irrepetible.

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Una conexión especial entre el dueño y la marca

Este proyecto no surgió de la noche a la mañana. El «Fly Bug» es el capítulo final de una serie de cuatro vehículos creados especialmente para un cliente histórico de la casa.

La idea principal detrás de esta unidad (y de sus hermanos basados en el Veyron, el Chiron y el Divo) es la naturaleza.

En este caso, la musa fue la libélula, un insecto que simboliza velocidad y agilidad, conceptos que encajan de maravilla con lo que representa un Mistral.

Lo interesante es cómo nació el concepto. No fue un pedido frío por catálogo, sino una colaboración mano a mano entre el coleccionista y Frank Heyl, el jefe de diseño de Bugatti.

Juntos buscaron plasmar esa sensación de movimiento constante, incluso cuando el motor está apagado.

Después de definir el rumbo, el equipo de expertos en Berlín se encargó de que cada material y cada sombra de color contara esa misma historia.

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El desafío de pintar el viento

Si algo salta a la vista en el Bugatti W16 Mistral Fly Bug es su exterior. Los diseñadores aplicaron un patrón elíptico que recorre los laterales y se va afinando hacia la parte trasera, fundiéndose con las tomas de aire.

Pero el verdadero truco de magia está en la pintura. El color, bautizado como «Azul Libélula», tiene la capacidad de mutar.

Según cómo le pegue el sol,  pasa de un azul profundo a un turquesa vibrante. De esa forma imita, ese brillo metálico que vemos en las alas de las libélulas en pleno vuelo.

Llevar este color a todas las partes del auto fue un dolor de cabeza (de los buenos) para los técnicos.

Asimismo, lograr que las llantas tengan exactamente el mismo tono que la carrocería es mucho más difícil de lo que parece, ya que la pintura reacciona distinto sobre el metal que sobre la fibra de carbono.

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Un interior donde cada detalle cuenta

Puertas adentro, la experiencia sigue siendo igual de sorprendente. Bugatti decidió experimentar con nuevas técnicas, y ha mezclado cuero grabado con Alcántara mediante un proceso de laminado que genera un efecto visual en tres dimensiones.

Es la primera vez que se animan a llevar el patrón elíptico del exterior tanto al panel de la puerta como al apoyabrazos de forma continua, un trabajo de tapicería que requirió una precisión quirúrgica para que las líneas no se corten.

Para cerrar con broche de oro, el Bugatti W16 Mistral Fly Bug incluye guiños a la historia familiar de la marca.

En la palanca de cambios aparece el famoso «Elefante Bailarín», la escultura de Rembrandt Bugatti que ya es un símbolo eterno de la firma.

Además, lograron integrar el logo «Macaron» dentro del diseño gráfico de los laterales interiores, algo que nunca habían hecho antes y que demuestra que, para Bugatti, los límites solo existen para ser superados.